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Sector social LatAm

Sostenibilidad financiera: diversificar sin perder el propósito

El 69 % de las organizaciones sociales señala el financiamiento como principal recurso para crecer. Qué exige cada fuente de ingreso en datos y procesos.

Equipo HuellaSocial6 min de lectura

Una fundación con dieciocho años de trabajo en el Magdalena Medio depende de un solo financiador internacional para el 80 % de su presupuesto. En noviembre el financiador anuncia que cambia de prioridades regionales y que el convenio no se renueva. La directora tiene cuatro meses para encontrar reemplazo a casi todo el ingreso de la organización, con un equipo que nunca ha hecho otra cosa que ejecutar ese convenio y reportar sobre él. No hay base de donantes, no hay datos ordenados de resultados que mostrar a alguien nuevo, y la única propuesta escrita en los últimos cinco años es la que ese mismo financiador pidió.

El Perfil Digital del Sector Social 2024, de Propel y 60 Decibels, preguntó a 831 organizaciones de Colombia, México, Perú y Chile qué recursos necesitaban para crecer. El 69 % señaló el acceso a financiamiento, muy por encima de las alianzas (44 %), el marketing (42 %) y la tecnología (39 %). El mismo informe describe a la organización colombiana típica: más de veinte años operando, menos de diez empleados y presupuesto anual por debajo de 50.000 dólares. Es decir, mucha experiencia, poca gente y poco margen para un año malo.

Este artículo no trata de cómo conseguir más plata. Trata de qué exige cada fuente de ingreso en términos de datos y procesos, porque esa es la parte que casi nadie calcula antes de lanzarse a diversificar.

Las fuentes de ingreso y lo que cuesta gestionarlas

Cada fuente tiene un coste de gestión que no aparece en el presupuesto, pero sí en el tiempo del equipo.

Cooperación internacional. Montos altos, plazos largos, exigencias de reporte altas. Requiere propuestas técnicas sólidas, sistemas de seguimiento alineados con el marco del financiador y capacidad de reportar en sus formatos. Depender de uno solo es el riesgo del ejemplo inicial.

Fundaciones empresariales y empresas. Montos medios, plazos de uno a tres años, interés creciente por evidencia de resultados. Requiere datos de impacto presentables y una relación que se cultiva, no se solicita.

Contratación pública. Montos variables, exige capacidad administrativa y jurídica para licitar y para ejecutar bajo normas públicas. Requiere documentación al día y flujo de caja para aguantar los pagos tardíos.

Donantes individuales. Montos pequeños y recurrentes, alta independencia. Requiere una base de datos cuidada, comunicación constante y cumplimiento estricto de la protección de datos.

Venta de servicios o productos. Ingresos propios sin finalidad impuesta. Requiere algo que alguien quiera pagar, procesos de cobro y una contabilidad que separe lo misional de lo comercial.

Ninguna es gratis. Una organización de ocho personas que pasa de una fuente a cuatro multiplica por cuatro los formatos de reporte, los calendarios y las relaciones que mantener. Diversificar sin calcular eso es cambiar un riesgo por otro.

Lo que cada financiador pide, en el fondo

Detrás de los formatos distintos, casi todos los financiadores quieren saber lo mismo: qué cambió gracias a tu trabajo, cómo lo sabes, cuánto costó y qué aprendiste. Quien pueda responder esas cuatro preguntas con datos propios tiene material para cualquier convocatoria. Quien no, escribe cada propuesta desde cero y la escribe peor.

Por eso insistimos en que los datos son condición de la sostenibilidad financiera y no un lujo posterior. El Perfil Digital 2024 lo muestra desde otro ángulo: las organizaciones digitalmente avanzadas reportan mejoras en su habilidad para recaudar fondos 1,4 veces mayores que las principiantes. Y el mismo informe señala un dato incómodo para Colombia: solo el 43 % de las organizaciones colombianas dijo que las herramientas digitales habían mejorado su capacidad de recaudar, frente al 60 % en Perú y el 64 % en México. Hay margen.

Datos como condición, no como adorno

Tres cosas que una organización necesita tener ordenadas antes de buscar fuentes nuevas:

Resultados propios que se puedan mostrar. No el listado de actividades: lo que cambió para las personas, con alguna evidencia. Tres indicadores sostenidos en el tiempo valen más que treinta recogidos una vez. Sobre esto escribimos en cómo escribir un informe para financiadores.

Costes reales por programa. Cuánto cuesta atender a una familia, formar a un joven, sostener un espacio comunitario un mes. Sin esto, cada propuesta nueva inventa el presupuesto y cada ingreso nuevo puede estar financiando una pérdida sin que nadie lo sepa.

Una base de relaciones. Quién ha financiado, quién se ha interesado, quién fue aliado en algún momento, con fecha del último contacto. Una hoja de cálculo bien llevada basta para empezar.

El caso Bive: servicios de pago sin dejar la misión

El Perfil Digital 2024 incluye el caso de Bive, una organización colombiana que lleva servicios de salud a poblaciones rurales. Su interés por digitalizarse, cuenta el informe, surgió en parte de la necesidad de hacerse sostenibles para no depender de donaciones. Ofrecen servicios de bajo costo y membresías de salud que brindan hasta 400 atenciones con un 70 % de descuento. La compra de la membresía, que antes era un formulario escrito, hoy es digital, y usan herramientas de gestión y comunicación con participantes, incluidos SMS para zonas sin conectividad.

Lo que nos interesa del caso no es el modelo de membresía en sí, que no aplica a cualquier organización, sino la secuencia: identificaron una necesidad real que la gente estaba dispuesta a pagar en parte, montaron procesos digitales para gestionarla sin ahogar al equipo, y la tecnología entró como consecuencia de una decisión de sostenibilidad, no como un proyecto aparte. El informe también recoge que su principal desafío fue compartir lo aprendido con un equipo que trabaja en campo. Ese es el otro coste de diversificar: el equipo tiene que aprender a hacer cosas nuevas.

El caso de Tani, en Perú, muestra la otra cara: el informe atribuye la llegada de tres nuevos donantes a la mejora de sus comunicaciones y presentaciones, después de pasar de hojas de cálculo sueltas a herramientas de visualización de datos. Datos ordenados, mejor contados, más donantes.

Diversificar sin perder el propósito

El riesgo de diversificar es conocido: terminar haciendo lo que paga en vez de lo que importa. Tres salvaguardas sencillas. Primero, una regla escrita de qué no se acepta aunque haya dinero, decidida en junta y no en la urgencia. Segundo, una proporción máxima de ingresos por fuente, para que ninguna vuelva a ser el 80 %. Tercero, revisar una vez al año, con datos, si los programas que crecieron son los que mejor resultado dan para las personas o solo los que mejor se financian.

Por dónde empezar

  1. Calcula qué porcentaje de tu ingreso depende de cada fuente y de cada financiador. Si uno pasa del 50 %, ese es el problema número uno.
  2. Ordena tres indicadores de resultado que puedas sostener y mostrar a cualquier financiador nuevo.
  3. Saca el coste real de tu programa principal por persona atendida.
  4. Elige una sola fuente nueva para los próximos doce meses, y calcula antes qué le va a exigir al equipo en reportes y tiempo.

Si quieres que lo miremos juntos, una conversación de 20 minutos basta.

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